¿Por qué pinchas música pirata?

Desde hace unos cuantos años es cada vez más frecuente ver gente que prácticamente sólo pincha música obtenida en internet mediante medios ilegales, y lo peor es que lo hacen profesionalmente. Probablemente la mayoría no tienen ni idea de las repercusiones que tiene infringir de esa manera los derechos de la propiedad intelectual, así que hoy voy a tratar de explicarlos todos, para que por lo menos no puedan excusarse con el “no sabía lo que hacía”.

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¿Si algo está en la red puedes hacer lo que te de la gana?

Internet se ha convertido en el principal medio publicitario y promocional para muchos mercados, y el mercado musical no es una excepción. Las plataformas de streaming de vídeo como Youtube son un arma promocional imprescindible, y las versiones gratuitas de servicios como Spotify o Deezer también hacen un buen trabajo. Pero que algo pueda escucharse no quiere decir que tengas derecho a descargarlo y mucho menos a usarlo para lucrarte (ganar dinero) pinchando esa música, esa música está ahí con fines promocionales y lucrativos para el artista y su casa discográfica, no para nadie más. Si quisieran que lo descargaras y lo usaras, el artista o su discográfica ya habrían puesto a tu disposición un enlace para que lo descargaras.

Por otra parte, aunque existen servicios fuera de la legalidad que permiten descargar esos contenidos disponibles en streaming, lo que obtienes en la gran mayoría de los casos es un contenido comprimido en una calidad que no es aceptable para su uso profesional. Lo más habitual es que obtengas un archivo musical en formato MP3 a 128kbps que sonará bastante flojo (incluso mal) cuando lo pinches con varios miles de vatios de potencia, y se notará todavía más si mezclas una de estas canciones en baja calidad con algo en WAV o incluso con otro MP3 a 320kbps: la dinámica del archivo a mayor resolución se comerá literalmente al pirata.

¿Crees que estás ayudando a promocionar al artista?

Hay gente que piensa que no pasa nada por pinchar música pirateada de un artista e incluso creen que aunque no paguen están ayudando al artista haciendo que su canción suene. Y una mierda, así de claro. Si un artista hubiera planeado una promoción basada en que su música se distribuya gratuitamente (que los hay, y no son pocos), todo el mundo sabría que la canción puede descargarla gratis.

Y aquí no valen historias del tipo “es que Iron Maiden dio un concierto donde más piratearon su música y agotaron las entradas”, que es la típica respuesta, y que es ridícula. No se puede comparar la repercusión mundial de una banda legendaria de rock (de la que soy fan) con la de productores de electrónica que tratan de abrirse camino en la industria, aparte de que muchos de ellos no hacen espectáculos en vivo, ni mucho menos ganan en cada actuación lo que una banda que llena estadios de fútbol.

Adicionalmente, la permanencia de un artista en una discográfica o la renovación de su contrato (o   conseguir un nuevo contrato en otra discográfica) depende en gran parte de los resultados que obtengan con las ventas. Hoy en día se gana muy muy poco vendiendo música, y normalmente sólo unos pocos lanzamientos en una discográfica llegan a tener relativo éxito y beneficios; dichos beneficios sirven para cubrir las pérdidas de los lanzamientos que no han tenido impacto alguno y para financiar la siguiente ronda de lanzamientos. Con lo que no estás jodiendo al artista que ha hecho la canción, si no a la empresa que hay detrás colocando la canción en tiendas y promocionándola, y al resto de artistas que han fichado por esa empresa.

Estás haciendo el ridículo

No te puedes hacer una idea de la mala imagen que transmites a quienes te acompañan en cabina cuando echan un vistazo a la pantalla de tu portátil o del reproductor que estás usando y en los metadatos de lo que estás pinchando se puede leer “Downloaded from…” seguido de la URL de alguna famosa página de descargas. Sencillamente quedas retratado como un jeta, además de que si coincides con alguien que produce música y ve algo así, le defraudarás profundamente.

Pero hay un ridículo aún mayor, y una forma de castigo del karma: que no hayas comprobado tus descargas ilegales y que a mitad del tema suene la ráfaga de una emisora de radio o de algún podcast. Tu ridículo será legendario, épico, multitudinario, y será recordado con sorna y desprecio entre público y profesionales; tu nombre será grabado en el muro de la vergüenza y jamás ganarás un Grammy. Bueno, quizá no tanto, pero está muy mal.

Redistribuir lo que te dieron en confianza

Hay un pecado mayor que el de descargar música pirata y pincharla en directo cobrando, y es hacer copias piratas a tus coleguitas de los promos que los productores te mandan gratuitamente. Si un productor ha puesto la confianza necesaria en ti para enviarte un promo de su último trabajo, si te está haciendo semejante regalo, es para que a cambio si la canción te gusta la pinches y le ayudes a que su esfuerzo pueda llegar a servir de algo. Si un productor o su discográfica quisieran que su tema lo tuviera gratuitamente más gente, ya habrían hecho las gestiones correspondientes.

Redistribuyendo promos traicionas la confianza que se ha depositado en ti, te conviertes en una persona indigna de disfrutar antes que los demás del trabajo creativo de alguien, además de directamente en un indeseable.

Déjanos en paz

Si crees que la industria musical es un engaño y que la piratería es merecida, o eres un antisistema que considera una hipocresía el capitalismo que surge del arte, excelente, tu opinión es muy respetable, pero respeta también a los que piensan lo contrario y quieren intentar vivir de la música; y de la música vive más gente además de los músicos, da de comer a publicistas, diseñadores gráficos, ingenieros de sonido, productores ejecutivos, agentes comerciales, contables, administrativos… y por supuesto a sus familias.

La industria musical desde luego que no es perfecta, y estoy seguro de que no es un negocio justo en muchas ocasiones, pero es igual de respetable que cualquier otra actividad laboral. Existe una falta de ética muy grande hacia todo aquello que tiene un valor material pero es intangible o se puede transmitir por medios intangibles; el software, la música, el cine, la literatura, incluso la fotografía o el diseño gráfico, carecen del respeto necesario. Incluso fuera del nivel profesional se debería respetar todo esto, la vieja excusa de “como no voy a ganar dinero no lo pago” no sirve, ¿acaso robas los platos o los tenedores con los que comes porque no te sirven para ganar dinero? ¿dejas sin pagar el recibo del agua porque el agua de tu casa no sirve para ganar dinero? A otro con esa milonga.

Que alguien haga algo

Es necesario frenar la plaga de la piratería. Es horroroso ver como un amigo te cuenta esperanzado que ha logrado un lanzamiento con un sello al que persigue desde hace tiempo y ver como una hora después de que su disco salga a la venta y esté disponible en plataformas de streaming, ya esté listo para su descarga ilegal en diez webs diferentes, y que alguien que no ha pagado por el disco lo esté pinchando dos noches después.

Está absolutamente claro que la piratería siempre existirá, es imposible pararla al 100%, pero debería ser algo residual y no la tónica general. Tener música comprada comienza a ser la excepción, y ese es el principio del fin. Los servicios de streaming como Spotify, Apple Music o Tidal, hace unos años eran vistos con desprecio y como “sacacuartos”, ahora comienzan a ser la única vía de generar ingresos en vista de la caída tan enorme de ventas. Y ya veremos hasta cuando, porque hasta de esos servicios se piratea la música.

Por otra parte es indignante que haya asociaciones profesionales de DJs que aparte de emitir comunicados no hagan absolutamente nada por colaborar en mejorar esta situación. Se debería controlar de dónde sale lo que pincha la gente, y cuidado, debería hacerse de forma que fuera de manera transparente y sin coste alguno para los verdaderos profesionales que pagan la música que pinchan.

Recuerdo cómo hace tiempo se valoraba mucho el tener una buena canción o un buen disco que muy poca gente tenía. Para poder disfrutar de una exclusividad así había que “moverse”, hacer llamadas a tiendas, ir a ellas, rebuscar entre cajones de plástico, pagar, volver… y el premio era tener algo que te había costado esfuerzo conseguir y que con orgullo harías sonar para deleitar a la pista, y con satisfacción verías a la gente bailar y disfrutar. Puede parecer un cuento del abuelo cebolleta, una historia de guerra, una película antigua… pero a pesar de lo viejo y caduco que pueda sonar esto, hay una verdad indiscutible, y es que la piratería le ha quitado a la música su auténtico valor, y quienes practican la piratería no aman realmente la música. Si lo hicieran no la degradarían de semejante forma.

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