Discomóviles: el infierno en la tierra

¿Has pinchado alguna vez en una discomóvil? Si tu respuesta es afirmativa, no sólo has pasado por una de las pruebas más duras y selectivas para los DJs, si no que de hecho es probable que hayas conocido un infierno en vida en el que además de aprender mucho, obtendrás historias de guerra para contar a tus nietos. Y es que si sobrevives a trabajar en discomóviles, podrías sobrevivir incluso en un universo paralelo similar al de las películas de Mad Max.

LF1EPRF1--575x323

¿Quieres ser DJ? Tienes que pasar por una discomóvil

Ya he escrito alguna vez sobre trabajar pinchando en discomóviles, aunque más para centrarme en los aspectos laborales y para tratar de dar consejos sencillos sobre cómo sobrevivir en ese mundillo. Pero creo que me he quedado siempre bastante corto relatando las situaciones en las que te puedes ver envuelto, y cuando digo corto me refiero a la dureza de algunas de esas situaciones, lo comprometidas que pueden llegar a ser y la frustración que vas a sentir.
Ojo, no todo es malo, yo soy un firme defensor del “de todo se aprende”, y las discomóviles no son una excepción. Si es que sobrevives –me recuerda a eso de Misión Imposible de “si decide aceptarla”– saldrás de ese mundo con una piel de rinoceronte que te servirá para lidiar con legendaria sabiduría y un temple épico frente a situaciones de DJ de club en las que otros directamente se ahogan para no volver a flotar. Cualquier problema te parecerá un chiste tras trabajar en una discomóvil, y no hablo sólo de pinchar, si no de tu vida en general.

Recuérdalo bien, vas a acabar reventado

Yo nunca he sido dueño de una discomóvil pero sí he trabajado para alguna, y he descubierto que la explotación humana es algo en lo que caen con facilidad muchos propietarios de estos negocios con tal de llenar sus arcas. Esto no es llegar, pinchar, cobrar y para casa acompañado de un ligue; aquí vas a sudar desde el principio hasta después de que te levantes al día siguiente.
Es más que probable que tengas que participar en las tareas de montaje de la discomóvil y que los medios disponibles para dicha tarea estén basados en una de las mayores fuerzas de la naturaleza: la voluntad del ser humano, concretamente en la tuya. Sí amigo, esas pedazo de cajas que hacen que el sonido llegue a oídos humanos probablemente vas a tener que moverlas tú y tus cojones, y te vas a acordar de aquello de “dejo el gimnasio para ahorrarme unas pelas” como una de las peores decisiones de tu vida. Es incluso probable que las primeras veces te hagas daño en una mano, un hombro o incluso la espalda si no tienes experiencia moviendo objetos pesados; pero si te haces daño te jodes y sigues currando, esto es una discomóvil, no la guardería. Además, es muy probable que no tengas contrato, así que tu jefe no querrá saber nada de “me acerco al centro de salud a que me venden la muñeca”, no sea que le jodan el chiringuito.
¿Hemos terminado de montar y estás reventado ya? Tranquilo, aún te vas a machacar más, tú has venido a pinchar y pinchar es lo que vas a hacer, como Paco Umbral cuando iba a hablar de su libro a la televisión. Te has traído unos pendrive que te sacas de manera fardona del bolsillo de los vaqueros pero… el equipo es tan anticuado que no hay donde conectarlos, y si lo hay o no te reconocen el pendrive porque está en formato Rekordbox –¿Pioneer en una discomóvil? no me hagas reir…– o va tan rematadamente lento que acabarías antes poniendo un CD. Así que pégate un paseito hasta tu coche, que como manda la ley estará aparcado a tomar viento, y traete los archivadores con los tropecientos CD’s de “por si acaso”. Aquí ya descubrirás que no hay “por si acaso”, todo sucede bajo la estricta Ley de Murphy.

Vamos a pinchar… o no.

Todo el equipo está montado, tu música está ya lista para sonar, de hecho estás probando el sonido mientras te comes un bocadillo –tu jefe te mira de reojo para que no tires migas sobre su valioso equipo de 1999– y tienes claro que tras llenar la panza estarás recuperado de tu cansancio y todo lo que venga después será ya pinchar a gusto para una multitud entregada. Pobre iluso.
Si te toca una boda es muy probable que recibas instrucciones concretas de lo que vas a pinchar de toda esta gente: encargado del salón de banquetes/sala de fiestas (su absurdo perfeccionismo sólo es comparable a su ineptitud musical), los novios (están en una dimensión paralela de felicidad y nervios a la vez), los padres de los novios (ni puto caso), tu jefe (el caso justo para cobrar), los cuatro amigos íntimos de los novios (mismo caso que a sus padres) y quizá de los camareros del evento (estos son unos cracks, han visto y vivido 300.000 bodas). Estas instrucciones concretas suelen ser:

  • La lista: te la pueden pasar en formato digital en un archivo de word o en formato papiro arrugado escrito a bolígrafo Bic, pero en cualquier caso contiene las canciones que los novios quieren que suenen. Consíguelas todas, esta lista ha sido objeto de riña y discusión por parte de los novios, y no cumplir con “la lista” te traerá más problemas que cumplirla a rajatabla.
  • El encargado del local te dará instrucciones sobre a qué volúmenes tienes que poner la música según el momento de la noche, así como cierta música a sonar en determinados momentos. Da igual lo mucho que le atiendas y trates de hacerle caso, va a estar todo mal y no va a parar de quejarse. Hazte a la idea.
  • Los suegros te pedirán música para bailar los de su generación. Tú mismo.
  • Los amigos íntimos querrán cambiar cosas de “la lista” y preguntarte si tienes tal o cual canción. Recuerda que “la lista” es sagrada e inviolable, así que nuevamente, tú mismo.
  • Los camareros te darán consejos sobre cómo sobrevivir que debes seguir. Quizá no sepan de música y cacharritos tanto como tú, pero han visto (y soportado) las reacciones de la gente en cada momento. Su palabra es tan valiosa como el oro. Y si les caes bien te traerán comida y bebida por la cara.

Si te toca una discomóvil de fiesta de empresa, no habrá una lista, habrá tantas como departamentos tenga la empresa, y sí, tienes que obedecerlas todas (búscate la vida, no hay tutorial en todo internet que resuelva esto). De hecho en empresas pequeñas puede ser incluso peor, ya que puede haber una lista por empleado. Si la fiesta de empresa tiene algún tipo de animación como fiesta de disfraces, sorteos, o cualquier cosa que alguien haya pensado que puede ser divertido y cohesionar a los empleados, tendrás que ser partícipe de ello. Te lo vas a pasar bomba porque seguramente tendrás que hablar tú por el micro para estas cosas o cederle el micro a alguien de la empresa que nunca sabrá si el micro está encendido o apagado y creará de forma inconsciente (recuerda, Ley de Murphy) todas las situaciones posibles existentes para que el micro se acople.
Si te toca la clásica fiesta de barrio, de pueblo o patronal, no habrá lista. Y aquí se verá tu capacidad para pinchar a gusto de gente de cualquier franja de edad y cultura. No te preocupes si lo haces mal, lo sabrás enseguida porque te caerán encima cubitos de hielo, vasos o botellas. ¿No querías ser un DJ Superstar y pinchar en Ibiza? Pues primero hay que comer mierda, amigo.
Bueno, ahora sí vamos a pinchar un poco.

Ahora sí, ya estamos pinchando

Durate la sesión es cuando la Ley de Murphy entra en sus máximos exponentes. Si no estabas lo suficientemente hecho polvo por el montaje, la prueba de sonido, cenar mal y rápido, y haber estado hablando un buen rato con gente con diferentes instrucciones, peticiones y exigencias… ahora tampoco vas a parar, ya que la ley de Murphy dice que te vas a hacer toda la sesión de principio a fin de pie y sin una maldita banqueta en la que apoyar tu sudado culo. Y no porque no haya banquetas, que seguramente las habrá, lo que seguramente sucederá es que nadie se haya acordado de dejarte una, y si alguien se acordó, otro después vio que la necesitaba más que tú y se la volvió a llevar.
¿Puede fallar el equipo? Cuenta con ello. Recuerda que no es tu equipo, ese que tanto cuidas y mimas y que renuevas cada poco tiempo. Es el equipo de un empresaurio y tiene que sacarle rendimiento a su inversión durante los próximos 30 años. El fallo del equipo suele darse en cualquier elemento de control del sonido –mesa de mezclas, reproductores…– y seguramente será algo que puedas sortear –una EQ que no va, un botón que hay que pulsarlo como si fueras Hulk…– pero que será francamente molesto y te acabará produciendo acidez gástrica al final de la corrida.
¿Pueden empezar a venir borrachos a marearte desde el principio de la sesión? La Ley de Murphy confirma que sí, y si no te pasa en tu primera discomóvil te pasará en la segunda o en la tercera, para pillarte desprevenido. Así que con todo tu cansancio encima, al tiempo que intentas hacer una sesión decente y a gusto de todos, tendrás que emplear parte de tu capacidad intelectual en atender con una sonrisa a los plastas borrachos que vienen a pedirte… cualquier canción que no tendrás o que te vendrá mal poner. Para esto tampoco hay tutoriales, pero haber estudiado psicología ayuda; ayuda porque sabrás darte cuenta de cuando estás teniendo un ataque de ansiedad.
¿Puede haber peleas entre el público? Desde luego. De hecho es incluso probable que si ese día has llevado tu ordenador o cualquier equipo de tu propiedad y hay una pelea, tu equipo sea un daño colateral de la pelea. Avisado estás.
¿Puede la gente increparte por no poner la música que ellos quieren? Dalo por hecho. Es más, es posible que incluso el macarra del pueblo/barrio y un par de su séquito te esperen al acabar para darte un par de empujones y decirte lo mal DJ que eres y lo mucho que has ofendido su honor macarra por no pinchar sus peticiones, que son necesarias para el buen desarrollo de sus bailes macarras y sus cortejos a “las pibas”. No tengas miedo, a esta gente si les sueltas un guantazo con la mano abierta antes de que lo suelten ellos suelen salir corriendo por encontrarse ante una situación que nunca antes han vivido: les han tocado la carita. Y por ende, la reacción animal de ponerse a salvo de lo desconocido. Y recuerda que le habrás hecho un favor a la humanidad.
Por cierto, esto es una discomóvil, no un club de moda propiedad de un simpático tipo cool con dinero que se preocupa por la diversión del público y el bienestar de sus empleados y que sabe que una cosa suele ir ligada a la otra. Una vez más te recuerdo que está dirigido por un empresaurio medieval con la misma empatía que Torquemada. Así que cualquier problema que ocurra será culpa tuya, que para eso eres el DJ.

¿Hemos terminado ya? Claro que sí guapi

Cuando por fin se acabe la sesión, que por supuesto será dos o tres horas después de lo acordado con el empresaurio y que por supuesto no cobrarás porque “no te puedo pagar lo que no gano”, no te irás a casa. A casa se van los niños buenos. Tú eres un DJ, y has venido a ganarte tu puesto en Ibiza, y para ello primero vas a desmontar la discomóvil en un pueblo perdido en el que nadie se acuerda de tu nombre con todo el cansancio del mundo sobre tus hombros; es decir, vas a hacer lo inverso que has hecho al empezar pero sin fuerzas. Ya verás el tipazo que se te va a poner para el próximo verano.
Tras desmontar y al ir a cargar al camión/camioneta/fragoneta siempre faltará algo del equipo: una manguera, la tapa de un rack, una mochila con discos de tu jefe… por supuesto tu labor es encontrarlo (suele estar dentro del transporte y alguien lo ha guardado ya sin darse cuenta) y enseñárselo a tu jefesaurio para que se quede tranquilo.

¿Pero quieres volver?

Tranquilo, todo el artículo es un compendio de mis malas experiencias personales aderezado con algo de humor negro. Desde luego que se pueden dar todas estas situaciones, e incluso dar en una misma jornada de trabajo, pero si se da todo de forma constante debes largarte y buscarte otra discomóvil en la que trabajar donde estas cosas sucedan con una frecuencia bastante más baja (y soportable).
Y a pesar de todo, no me cansaré de decir que las discomóviles son un fantástico lugar de aprendizaje (aunque a veces sea aprender por las malas). La evolución habitual de un DJ de discomóviles que lleva mucho tiempo trabajando en ese sector y consigue aguantar, suele ser convertirse en el dueño de tu propia discomóvil, permitiéndote así el lujo de acabar reventado pero ganar bastante más dinero, además de saber que si algo falla esta vez sí que es exclusivamente culpa tuya y de ti depende solucionarlo para la próxima vez. La otra dirección que toman muchos es buscarse una residencia en algún lugar donde puedan dedicarse exclusivamente a pinchar.

Bonus Track: discomóviles durante las Fallas de Valencia

Las Fallas de Valencia son unas fiestas que dan mucho trabajo a discomóviles por la ciudad y que yo conozco de cerca. Si una discomóvil es dura, una discomóvil durante unas fallas puede ser directamente el equivalente a un ironman para un triatleta.
Recuerda bien esto que te voy a decir porque es la Verdad Máxima:

  • En fallas todos los falleros saben hacer cualquier cosa, incluido pinchar.
  • La probabilidad de que los falleros que han contratado la discomóvil en la que pinchas acaben pinchando es elevada e incrementa según avanza la noche.
  • La “pista” se vaciará y llenará por motivos ajenos a la música: concurso de paellas en la falla de al lado, espectáculos pirotécnicos… No lo estás haciendo mal, es que la cosa va así.
  • Si no pinchas Paquito el Chocolatero date por jodido. Necesitas cinco copias de seguridad de esa canción.
  • La probabilidad de que un fallero derrame un cubata o te tire ceniza del puro sobre el equipo es similar a la de que acaben pinchando ellos.
  • La sesión termina cuando el último fallero en pie, que llevará gafas de sol, cubata en una mano, un puro en la otra, y mecha en el bolsillo, caiga desplomado o se lo lleve su mujer a casa. Mientras tanto tú no has terminado tu faena.
  • Los falleros siempre tienen la razón porque es su fiesta y llevan todo el año preparándola.
  • Los petardos acojonan, pero San José se encarga de que no dañen el equipo. Bueno, o quizá no.
  • Si alguien tira un borracho o una femella en medio de la “pista” (un tipo de pirotecnia que se desplaza de manera no controlada lanzando chispas para acabar explotando) no hace falta que avises, más bien estate preparado porque la Ley de Murphy indica que puede acabar en cabina. Las quemaduras de estos artilugios mis carnes te pueden asegurar que duelen durante días.

Ya que estás en una de las mayores celebraciones callejeras del mundo que tiene al fuego como protagonista, pon buena cara y disfruta. En lugares como Alemania o el Reino Unido ni sueñan con locuras como esta.

 

Anuncios

2 Comments

  1. Teo Tormo, tengo que felicitarte por este artículo. No te as dejado nada en absoluto, sobre el mundo de las disco-móviles. Llevo en esto desde los 16 (ahora tengo 29), y puedo asegurar que todo, absolutamente todo lo que dices, es verdad. Como apunte, pinchar en Fallas, es otro nivel, y me gustaría ver a mi, a mas de uno famosillo, sobrevivir a una noche de este tipo. Brutal articulo.

    Me gusta

  2. Parece que te has olvidado de los dueños de discomóvil que si invierten cada año en material nuevo y no sólo se preocupan de cobrar pues hay alguno que no cobra por el querido dj que la cagado por poner su música no acorde con el momento ni el lugar por que su material si que esta anticuado y falla.pero el sr cobra 200 € .has dicho muchas verdades pero te has olvidado de los dj. Muuuuuuuy expeciales que hay por ahi

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s