Leer la pista, la habilidad más valiosa de un discjockey

¿Saber acompasar música manualmente? ¿Saber manejar toda la tecnología disponible? ¿Disponer una amplia librería musical con todos los clásicos? ¿Tener las últimas novedades musicales? ¿Contar en su agenda con los mejores contactos? Todo eso es importante, muy importante, pero nada de eso llevará lejos a un discjockey si no tiene bien desarrollada la habilidad más importante para un profesional: saber leer la pista.

Si me preguntan cuál es la habilidad más importante que un discjockey debe desarrollar para desempeñar adecuadamente su trabajo, estoy siempre seguro de que la respuesta debe ser “saber leer la pista” o como otros lo llaman, “conocer la psicología de la pista” –prefiero “leer la pista”, tengo mucho respeto a la psicología como para usar el nombre de esa ciencia a la ligera– ya que sin esa habilidad, todo lo demás no servirá de nada. Y lo tengo claro porque es algo que durante mucho tiempo no supe hacer, y cuando aprendí algunas nociones básicas directamente noté importantes diferencias positivas en los resultados de mi trabajo.

Si no ves, no puedes saber

Es un graver error hoy en día pasarse la sesión pendiente únicamente mirando el equipo, emplees lo que emplees –ordenador y controlador, reproductores, platos, combinaciones de lo anterior…– debes aprender a desarrollar la capacidad de poder prestar atención por igual a tu equipo y a la pista: ese es el punto de partida. Para ello, primero debes alcanzar un grado de maestría bastante elevado manejando tu equipo, hasta el punto de que debes saber emplearlo mirándolo lo menos posible; recuerda dónde está cada botón y control, sé capaz de localizarlo al tacto, cuanta presión debes ejercer para accionar ese control, aprende a poner la aguja sobre al plato mirándolo de reojo, trata de captar de un sólo vistazo toda la información de las pantallas de tus reproductores o tu ordenador… en definitiva aprende a usar la vista de manera “económica” con tu equipo y domínalo con tu tacto y oídos lo máximo que puedas –esto es una cuestión de práctica y más práctica– para que tu vista pueda estar pendiente de la pista lo máximo posible

Esto no es sólo importante para poder leer la pista, ya que por otra parte, el DJ que está enfrascado en lo que tiene en su cabina genera en los asistentes al club una sensación de desconexión y desafección que de manera subliminal afecta negativamente a la imagen global que el público percibe de la experiencia de ocio que está teniendo y que quedará en su recuerdo.

Que estés atento de la pista no quiere decir que tengas que entretener a la pista con una performance de baile y gestos estrambóticos; está bien que bailes un poco si estás realmente disfrutando, puedes lanzar algún gesto para animar a un sector de la pista que está muy pendiente de ti –esta curiosa moda de ir a un club a mirar lo que hace el señor de la cabina en lugar de disfrutar con tus amigos–, sonreír te dará imagen de seguridad… todo esto te ayudará a conectar, pero ten cuidado y no te conviertas en un espectáculo por tu gestualidad, es la música y tu gestión de la misma la que tiene que “elevar” el ambiente y hacer disfrutar. Esto por desgracia no es la tónica en cierto tipo de macrofestivales en los que la sesión está bastante enlatada –tiempo muy justo, canciones preseleccionadas prácticamente al 100% e incluso transiciones ya planificadas, público con actitud de concierto más que de club…– y el DJ pasa a ser en muchas ocasiones un animador que recuerda a los regidores de plató de televisión que le dice al público cuando aplaudir, cuando reír y cuando callar. No caigas en el error de pensar que eso es leer una pista o controlarla, es un artificio típico de festival.

Conoce el lugar, conoce el público

No hay dos clubes o salas iguales –aunque sean franquicias– ni tampoco el público que asiste y sus rutinas son tampoco iguales. Debes informarte de el tipo de lugar al que vas a asistir, dónde está ubicado con respecto a las zonas de ocio de la ciudad, la cantidad de gente que puede llegar a albergar, la distribución del local –¿tiene más de un ambiente o es de ambiente único?– cuáles son los ritmos de afluencia a lo largo de la noche, es decir, horas a las que comienza a llegar gente, momento de pico de afluencia, hora de comienzo de salida y cierre del local, franjas de edad y distribución de la misma, distribución por sexos –¿hay mucha desproporción entre hombres y mujeres? ¿está igualado? ¿es un local de ambiente para gays o lesbianas?– tipo de música que suele pincharse y si el público prefiere determinados estilos a determinadas horas, escalafón social predominante del público –¿gente de alto poder adquisitivo o lugar al que acuden estudiantes pelados de dinero?– , algunas de las costumbres sociales de la gente –¿la gente habla mucho para socializar o ligar, o van directamente a desfasar?–, público local o turistas, estudiantes de la ciudad o lugar de encuentro de estudiantes extranjeros…

Parece mucha información, de hecho lo es y lo más probable es que no puedas reunirla toda, pero cuanto más consigas averiguar mejor será la preselección musical que podrás hacer para la noche y podrás también llevar preparado algún esquema mental sobre cómo distribuir la intensidad de la música que pinchas. ¿Formas de averiguarlo? Si no es un local que esté cerca de donde vives, lo mejor es estudiar cosas como flyers, redes sociales del local, tratar de localizar al residente habitual y preguntarle amistosamente alguna de estas cosas –las redes sociales vienen muy bien para esto–, pedir algo de orientación al encargado de la sala, e incluso aprovechando de nuevo las redes sociales, investigar un poco a clientes de la sala; todas publican fotos de sus clientes, y los clientes también dejan comentarios en la redes de las salas. La cosa cambia si es un lugar de tu ciudad: tómate la molestia de acercarte una noche que tengas libre, toma algo de cafeína para estar bien atento, y siéntate a observar varias horas “los peces de colores” como dice un buen amigo mío.

Si eres un DJ que no trabaja un género específico si no que entremezclas diferentes estilos a lo largo de la noche y trabajas en lugares donde el público tiene cierta heterogeneidad, esta labor de investigación te ayudará muchísimo. En el caso de seas un DJ con especializado en estilos concretos, la cosa es mucho más fácil, ya que tus preocupaciones andarán más por realizar una distribución adecuada de la intensidad de la música y de hacer mezclas originales; siempre y cuando la sala haga bien su labor de promoción y el público tenga claro el tipo de fiesta que se va a encontrar esa noche. Si te contratan para pinchar una noche de techno “a tota virolla” como diría el magnífico discjockey Averno, y el local se llena de aficionados a la cumbia,no es culpa tuya el desastre que pueda surgir de ahí. Eso sí, el mal trago no te lo quita nadie.

En el caso de que vayas a realizar una residencia, toda esta labor es todavía más importante, y si vas a compartir residencia con otros DJs, ellos deberían ser tu mayor apoyo en esta tarea: pregúntales y confía en lo que te digan, si llevan un tiempo en la sala es una información valiosísima la que te pueden brindar. Por cierto, digo “deberían” porque aunque el objetivo de un equipo de DJs en una sala es trabajar en conjunto para que la sala obtenga buenos resultados, siempre hay alguien que quiere destacar sobre el resto y puede no querer colaborar de ninguna manera contigo; dale la importancia justa ya que la forma en que otros quieran relacionarse contigo es algo que al 90% no puedes controlar, y en ningún caso adoptes tú esa actitud con otros. De todos modos, en caso de haberte ganado una residencia en lugar con varios DJs, es muy probable que en tus primeras sesiones nunca estés solo y estés acompañado por otro DJ de la sala que te salvará literalmente el culo si vacías la pista, és en esas primeras sesiones donde tienes que observar atentamente a la gente, sus reacciones a la música en esa sala, y su tu compañero es el que salva la noche, aparte de darle las gracias fíjate bien en cómo rescató la pista: seguro que tienes algo que aprender.

Consejos que no suele fallar (o sí)

Tal y como decía al principio, la interpretación de lo que sucede en una pista depende mucho de la sala y el público, y puede que hasta de la fecha del año y del clima –la gente tiene patrones de conducta muy distintos en invierno, verano, fiestas patronales, etc.–, pero hay una serie de cosas que suelen funcionar de manera similar en todas partes, o al menos a mi me han funcionado cuando he estado pinchando. Quizá puedan servirte a ti, así que aquí te lo dejo:

Las peticiones

Atender peticiones no es tener contenta a la pista ni estar sabiendo leerla. En todo caso es tener contenta a una persona o a un grupito de personas. Está claro que en ciertas ocasiones las peticiones son inevitables, como en bodas, fiestas de empresa, fiestas de ámbito muy local… pero en general, en locales de tamaño mediano-pequeño en los que se escucha música de corte más “comercial” hay que saber gestionarlas con cuidado. Puede que estés contentando a un grupo muy concreto de gente –fíjate en si cada vez está viniendo a pedir alguien distinto del grupito– y que el resto de la pista esté escuchando algo que “ni fú ni fá”, e incluso que algunas personas se sientan “ignoradas” al ver que haces caso de lo que un grupo concreto de gente pide –la gente es así de sensible, y con un par de copas más–. La situación se puede volver explosiva, desde que se te empiece a largar gente y te quedes sólo con el grupito al que has contentado –y un jefe descontento–, hasta que si no aceptas por algún motivo la petición de otro grupito de gente te formen un escándalo delante de la cabina. Algunos consejos para gestionar peticiones:

  • siempre amable aceptando o denegando peticiones.
  • Si es una sesión de un género concreto y la gente está ahí para escuchar ese género, cualquier petición fuera de ese contexto debe ser rechazada, pero siempre siguiendo el anterior consejo.
  • En situación de aceptar peticiones nunca lo hagas desde el inicio de la sesión, deja transcurrir al menos una tercera parte del tiempo que vayas a estar trabajando.
  • Intenta identificar grupos de personas, y si estás en situación de aceptar peticiones trata de ser equitativo con todos los grupos. Intenta identificar la reacción de los otros grupos. En sitios grandes esto es casi imposible, así que céntrate para esto únicamente en grupos de gente que pueda ser representativa del público habitual del local.
  • Nunca des un “sí” definitivo aunque la vayas a poner o generarás prisa y quedarás fatal si por cualquier motivo no puedes ponerla, juega con los “Luego miro si la puedo poner” y los “Creo que la tengo, la buscaré y la intentaré poner”.
  • Si a pesar de ser una sala de música variada la petición tiene CERO encaje con la sesión, se deniega de forma constante. Siempre tienes el recurso de prometerles que si se quedan hasta el final la pones de cierre, si aceptan te vendrá bien –aunque resulta pocas veces–, ya que tendrás a una gente fija toda la noche, servirá para tirar a la calle al resto de la pista, y el grupito de la petición imposible se marcharán contentísimos.
  • Si estás en disposición de aceptar peticiones, tienes que encontrar un balance en tu forma de relacionarte con la gente para que no se te forme una cola de gente junto a la cabina y no acabes distrayéndote de atender la música. Hay muchas formas de nivelar esto, a mi me funcionaba prestar atención a los que vienen a cabina cada cierto rato –les haces gestos amables de que esperen un poco– y nunca pongas la petición en el momento, alarga un poco el asunto. La gente tiene que entender que el que aceptes peticiones no quiere decir que toman el control de la cabina.
  • Esto cada uno lo gestiona como quiere, pero dejar entrar a la gente en cabina a hacerte peticiones es el principio de que tu cabina acabe siendo Casa Pepe. Usa tu lenguaje corporal para marcar hasta donde puede acercarse la gente, pero sin ser demasiado brusco. Si es un sitio con seguridad probablemente te ayuden a gestionar esto.

Tiempo, tempo, intensidad

Salvo en géneros muy concretos, pinches lo que pinches debes distribuir a lo largo del tiempo que dure tu sesión una intensidad musical y ajustar un tempo de baile. Esto, que dicho así parece una fórmula de pseudociencia del “Todo a 1€”, tiene bastante de cierto. La gente difícilmente puede comenzar a toda pastilla, pasar luego relajada dos horas, y de golpe y porrazo volver a bailar como si el mundo acabara mañana. Todo tiene un orden, y aunque en cada sitio las cosas son diferentes, nuevamente hay cosas que se pueden tener en cuenta en todas partes.

  • A no ser que pinches en un festival de drum’n’bass o te den el relevo de una sesión ya empezada y que ya va rumbo de su punto álgido, no empieces nunca más allá de los 124 BPM. Puedes provocar cierta aversión de la gente a conectar con tu sesión si empiezas muy fuerte, y no hacerte con ellos en toda la noche porque sencillamente no tendrán muchas ganas de quedarse, primero se sentarán y luego se irán. Piensa que si estás abriendo, es posible que hasta te encuentres gente que acabe de cenar y sencillamente su mente y su cuerpo no está todavía para entrar en sintonía con nada, por jóvenes que sean.
  • El inicio debe ser bastante lineal, en la primera cuarta parte el tiempo de sesión –personalmente llamo “acto” a aproximadamente la cuarta parte del tiempo de sesión– debe mantenerse la intensidad y el tempo. Tampoco es momento de poner éxitos, “llenapistas” o “salvapistas”.
  • Durante el segundo acto es el momento de comenzar a subir el tempo de la sesión y soltar algunos temas de mayor intensidad progresivamente. Algún llenapistas no vendrá mal para mantener a la gente en la cuerda.
  • El tercer acto es el más complejo y es donde se verá tu capacidad para gestionar la pista. Ya tienes a la gente “caliente” y lista para o pasarlo bien, o largarse ante la frustración de que tras el calentón las cosas no han sido como esperaban. Lleva un poco más arriba el tempo y comienza a lanzar lo que yo personalmente llamo “tríadas”, que no es otra cosa de consecuciones de tres canciones llenapistas seguidas. Habitualmente estas “tríadas” son temas que además de ser llenapistas seguros pertenecen al mismo género, mantienen la misma intensidad y además tienes ya ensayada las transiciones entre ellos. Tras cada “tríada” está bien dejar a la gente respirar un poco, que vayan a por una copa, o al aseo. Aunque las “tríadas” son algo preparado, evidentemente si una “tríada” no causa el efecto esperado, sencillamente no vuelvas a repetirla nunca más. También viene bien ir modificando las “tríadas”, si todas las semanas haces las mismas concatenaciones de canciones te volverás francamente aburrido y previsible. En la recta final de este tercer acto debes llevar todo a un punto álgido de tempo y de intensidad, que todos noten que llega el cuarto acto.
  • El cuarto acto es la continuidad del punto álgido del tercero. Si lo has hecho bien hasta ahora, toda la pista está enganchada. Dale su recompensa a los que han aguantado en la pista y mantén la intensidad y el tempo bien arriba durante casi todo este acto, entrega muchos menos respiros que en el tercero, y suelta los éxitos y llenapistas que te queden. Es el momento también de hacer algunas florituras con efectos de tu mesa de mezclas, o incluso de marcarte alguna vacilada como hacer paradas súbitas –tampoco te pases, deja algún delay en al aire– en la música para luego volver a lanzarla con un poquito más de volumen y el tempo un pelín subido; si lo haces bien y aprovechando la estructura de la canción provocas la locura colectiva. El final del cuarto acto es un buen momento para rebajar la intensidad y el tempo, piensa que hay que “echar” a la gente del local y si están con el ánimo por las nubes no se van a querer ir, y tus compañeros de seguridad tendrán más faena, así como también el encargado del local temerá que vengan las autoridades a poner alguna multa si no se cumplen horarios. Pon las cosas fáciles.
  • Si estás en un local donde se pinchan diversos géneros musicales, los cambios no son nada fáciles. No hagas cambios bruscos como pasar de poner un tema de hip-hop comercial a poner house clásico, debes tener música que sirva de puente, ya sea porque contiene elementos del siguiente género, por similitud de tempos, o porque es una versión de un género adaptada al otro. Hay gente que incluso prepara sus propios edits o remixes para facilitar esta tarea.

Desastres en el camino

Obviamente lo anterior es todo teoría, llevado a la práctica las cosas no transcurren igual de bien a no ser que seas un crack o la suerte la tengas de cara. Las típicas dificultades que te puedes encontrar en el camino suelen ser las que te describo a continuación.

La gente no arranca a bailar. Desde el comienzo la pista de baile es una mera zona de paso y la gente se mantiene junto a las barras, en zonas para estar sentado, o con la espalda en la pared. Las causas pueden ser normalmente dos,  la intensidad de la música es excesivamente baja o no has puesto un sólo tema que conecte con el tipo de público que tienes en ese momento. Para evitar esto, desde el principio fíjate en gente que esté animada y haya bailado aunque sea un poco y con qué música se han movido; esa gente es la que te va a enganchar al resto, así que debes centrarte en potenciar la actitud de esa gente, dales más de lo que les ha movido y dáselo más intenso aunque no sea la hora adecuada –si no rescatas la pista dará igual la hora que sea–, si esa gente empieza a moverse a la pista –especialmente si son mujeres– tendrás tu “efecto enganche”.

Todo iba bien y se me empieza a vaciar la pista. O bien has quemado a la gente con excesiva intensidad durante el segundo o tercer acto, o bien has metido la pata hasta el fondo con una canción que para nada le encaja al público. Si se trata de lo primero, acéptalo y rebaja la intensidad, adapta la música a la situación y dales un respiro antes de volver a iniciar una rampa de subida a la intensidad, y esta vez no vayas tan rápido como antes. Si es lo segundo, olvídate de las normas y manda la canción a cagar aunque esté recién empezada, tira de técnica para hacer una transición a otro tema que sea un llenapistas seguro; la contrapartida de esto que probablemente el llenapistas ya no puedas volver a usarlo en toda la noche.

La gente no baila mucho y aunque están en la pista, está más pendiente de mi que de otra cosa. Esta extraña situación suele desembocar en que se terminan marchando pronto, es lo que yo llamo “el modo festival del público”. Aquí los errores pueden ser múltiples, pero desde luego estás conceptualizando mal la sesión desde el principio, y quizá sea porque: estás pinchando versiones “de radio” de música muy comercial, estás haciendo mezclas al corte de temas conocidos pero con cambios de tempo extraños, estás abusando de efectos o trucos de DJ… en definitiva, la gente está escuchando cosas que probablemente les gustan, y por eso van a la pista, pero no saben cómo narices bailarlo o si podrán bailarlo, y están pendientes de ti bien porque si algo cambia y se pueden “meter en la ola”. Bien, pues dales una ola fácil de cabalgar: ritmo sólido de 4/4 con el bombo a negras y un groove muy bailable con influencias de música negra o directamente funk. Los ritmos de influencia tribal también te pueden ayudar.

Y nunca dejes de observar

Los consejos que he dejado más arriba, como ya he dicho, son cosas que a mi personalmente me han funcionado, pero eso no quiere decir que sean verdades absolutas o trucos infalibles. Con el tiempo debes crear tu propio método y elaborar tus propios trucos, pero siempre partiendo de la importante tarea de observar y analizar el público y sus reacciones. No es tan difícil detectar el aburrimiento: brazos cruzados, caderas inmóviles, mirada al infinito… Y mucho menos difícil es detectar el placer que les puede estar produciendo la música: brazos extendidos, siguen el ritmo con todo el cuerpo, y los más enchufados hasta bailan con los ojos cerrados. Siempre hay tiempo de corregir, la gente no se suele ir directamente de la pista a la calle y siempre rondan por el local un rato esperando que la cosa mejore; si no lo hace es cuando se largan. Y si una noche sale mal, aparte de lamentarte, trata de que por lo menos te sirva para aprender algo; repasa la lista de canciones que has pinchado y medita sobre si eran las adecuadas para ese lugar, ese público y esa ocasión, si has grabado la sesión trata de escucharla acoplándola a la línea de tiempo de la noche anterior y comprueba que has hecho una buena distribución de la intensidad, los éxitos del momento, etc.

Pero sobre todo no te vuelvas loco con este asunto… nadie nace sabiendo, y esto es cuestión de mucha práctica y experiencia.

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