Siempre Nina

Machacar a Nina Kraviz en las redes es algo que tiene toda la pinta de convertirse en deporte olímpico, y como todo deporte olímpico, cuando llegan las olimpiadas todo el mundo es experto aunque no lo haya practicado en su puñetera vida. Así que tras el partido del Dekmantel yo también voy a practicar el deporte, a ver si algún seleccionador me llama, pero lo voy a hacer a mi estilo.

Parece irónico que un defensor acérrimo de las nuevas tecnologías musicales como es un servidor salga a la palestra a hablar de alguien que sigue trabajando con tecnología más convencional como es Nina Kraviz. Pero es que en contra de lo que muchos piensen, quien escribe estas líneas ha tocado –de “tocar” en todos sus significados– muchos palos en este mundillo que en realidad ni es tan grande ni tan complejo en ciertos aspectos como muchos pretenden hacer creer. Adicionalmente, siempre me ha espantado que en las artes escénicas –y para mi ser discjockey actualmente es un arte escénico aparte otras cosas– siempre me ha reventado el trato injusto a quienes se colocan frente a un público.

Hace ya unos años, aunque Nina no sea especialmente santo de mi devoción, ya aproveché una controversia ciertamente absurda que desató una entrevista que le hicieron para denunciar el sexismo que impera en el mundo de la música y más concretamente en las cabinas. Ya en aquella ocasión expliqué uno de los problemas a los que se enfrentaba Nina: el ser mujer junto a su belleza natural es un lastre que hará que probablemente nunca se la juzgue por su trabajo aunque logre la máxima excelencia en él. Nina no puede renunciar a nada de eso, ha nacido mujer, ha nacido guapa, y además ella misma considera que no tienen por qué renunciar a su sensualidad natural. Si además un día su trabajo no sale bien, estas cuestiones se convierten en argumentos que justifican de manera directa su ascenso al sector profesional, y que se reducen a una frase de siete palabras: “Si no estuviera buena no estaría ahí”. Toma castaña.

Nina no lo hizo todo lo bien que podía en su sesión para Boiler Room en Dekmantel, ¿por qué? Desde luego no fue por el equipo, unos Technics 1210-M5G con unas patas Isonoe, unas Concorde, y unos clamps no dan problemas, y los CDJ tampoco tienden a fallar. Así que si el equipo no pudo ser la causa, nos quedan dos explicaciones: o bien Nina no tiene ni puta idea de pinchar como enuncian los más violentados por su sesión y está donde está por la teoría de la frase de las siete palabras, o bien como opino yo, no tuvo un buen día. El principio de la navaja de Ockham nos dice que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Y aquí señores, lo más sencillo es que Nina tuviera un día de mierda vaya usted a saber por qué. Un momento, ¿no están de acuerdo? Entonces debemos asumir que es más sencilla la teoría que Nina sin tener ni puñetera idea de pinchar haya legado lejos y se mantenga ahí durante años por su cara bonita y nada más. Por esa regla de tres Paris Hilton debería haber tenido una carrera como DJ bastante más florida y digna de mención que la que ha tenido. Es más, por esa regla de tres los guapos y las guapas del mundo no deberían sufrir el desempleo: todos pueden ser DJs. Señor Rajoy, comience a hacer castings para acabar con una parte del paro juvenil y nacionalice las cabinas de Ibiza para otorgar plazas de funcionario DJ a todos los jóvenes parados del país que estén de buen ver: a la gente no le va a importar que lo hagan mal. No te jode.

Hubo cabalgadas, sí, y se le acabaron las canciones sin tener otra lista, también. Y no cabe ninguna duda de que se le desacompasaron canciones y no supo arreglarlo. Pero sinceramente, eso le pasa a CUALQUIERA. Desconozco los motivos de estos problemas de desarrollo, pero la verdad me importan bien poco, igual tenía la cabeza en otra cosa, o no le terminaba de gustar el ambiente, o estaba cansada –mucha gente no se para a pensar lo agotadora que es la vida de esta gente y que no todo el mundo vale para eso–, o no conseguía conectar con el momento… Lo que estaba claro es que a Nina se le nota en bastantes momentos de la sesión que no está contenta con algunas cosas; a pesar de su habitual forma de moverse y bailar frente al setup, en ciertos momentos se le nota alguna mala cara, pequeños gestos de desaprobación, de “joder no me sale”, tiene momentos de indecisión, cambia de disco en el último momento… pero a pesar de todo sigue adelante con la sesión, que es lo que hacen los profesionales. Hay un spinback que hace para “salvar” una cabalgada y pasar al siguiente tema que lo hace sin inmutarse, sin darle importancia a lo que acaba de pasar; más de uno hubiera puesto marrones los pantalones al hacer eso, probablemente más de uno de las que la ponen a parir. Y el público no parece aburrirse, que al final es lo que cuenta.

En este punto los amantes de la mezcla perfecta artesanal hecha a vinilo ya sé que se están rasgando las vestiduras con esto. Pero tal y como digo cuando defiendo la tecnología más puntera, acompasar dos discos de manera manual está sobrevalorado. En todos los aspectos. Mucha gente desconoce que uno de los precursores de la escena de club de Nueva York en los 70, David Mancuso, jamás mezcló dos discos. Y este señor, creador de las fiestas que se hacían en The Loft –su loft, para ser más exactos– tuvo la culpa de que luego aparecieran locales como Paradise Garage o el Gallery. Y repito: no mezclaba; que le quede claro a los de “mezclar en vinilo como se ha hecho toda la vida”. Su preocupación era hacer sonar la mejor música con el mejor sonido posible, y punto. Y esa parte es la que actualmente muchos olvidan, el discjockey es un selector musical –¿de qué me suena esto?– que debe ofrecer la mejor música en el momento preciso para divertir a su público. Que la ponga en formato playlist del Spotify, que la mezcle con vinilos a mano, que la mezcla con sync y unos CDJ, que utilice software o cajas de ritmo para poner encima adornos, o que invite al público a pulsar el play, es lo de menos ya que no deja de ser una cuestión tecnológica que al público os aseguro le trae sin cuidado la mayor parte de las veces. Si la gente se divierte, está bien hecho, y no hay mucho más que hablar. Y mira tu por donde, a un servidor la selección que hizo Nina fue totalmente adecuada para el contexto en el que se desarrolló su sesión.

A esto último la gente puede argumentar que el público es tonto y que se lo pasa bien y aplaude sólo porque están las cámaras del Boiler o porque es Nina y hay que aplaudirla por encima de todo. Mucho cuidado con pensar eso: si un DJ se cree más listo que el público está perdido.

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