Larga vida al ElectroSplash

Es siempre una apuesta arriesgada la de optar por calidad en lugar de cantidad, pero en manos correctas, es apuesta ganadora. Eso es lo que ha ocurrido en el debut del Electrosplash en Valencia, evento que denominaremos “festival boutique”, porque llamarlo “mini festival” sería una falta de respeto dados los grandes artistas que participaron y el selecto público que acudió.

Tras tres ediciones en Vinaròs del festival electrónico, la cuarta entrega llegaba este año a Valencia para celebrarse en la Marina, pero a pesar del cambio de localización no ha habido cambio de objetivos: ofrecer una buena selección de DJs de electrónica de club de corte underground sin buscar excesiva masificación de público. El resultado fueron 5.000 asistentes entre los dos días de festival, con una media de edad por encima de los 30 años –llámenme abuelo, pero esta gente no suele montar bronca ni transmitir malas vibraciones–. El cartel del festival, donde teníamos a gente que directamente es crema con nata y guindas –BeGun, Black Coffee, Octave One, Floorplan, Tensnake…–, ha sido un ejemplo de apuesta por la calidad musical, huyendo de modas pasajeras, influencers del social media reconvertidos a DJs y personajes creados por sponsors. El resultado de una selección tan cuidada ha sido la afluencia de un interesante porcentaje de público extranjero, un 18%, algo nada frecuente en un festival de pequeño formato. De entre los asistentes nacionales un buen número vinieron también de comunidades autónomas como Madrid o Cataluña, para que luego digan que lo que se hace en Valencia no es interesante fuera.

ElectroSplash 2017 - foto ambiente y público (Jota Martínez Photo)
Foto de Jota Martínez

Como valenciano debo dar la enhorabuena a la organización por decidir emplear la Marina como ubicación del evento; este área de la ciudad recibió años atrás una más que importante inversión de dinero público para su reconversión en zona de ocio para los ciudadanos y hasta el momento no se ha aprovechado ni una milésima parte de su potencial. Eventos como ElectroSplash son un ejemplo de cómo sacar partido a este tipo de macroinversiones, y los números los reflejan: 650 puestos de trabajo –200 directos y 450 indirectos– y un impacto más que positivo en los locales de restauración de la zona, así como un gremio de taxistas feliz por todo el trabajo que han tenido. Y lo mejor de todo es que ha sido gracias a un evento que combina ocio y cultura. El ayuntamiento debería ser consciente del diamante en bruto que tienen para esta clase de eventos en la Marina.

ElectroSplash 2017 - acceso a main stage (Jota Martínez Photo)
Foto de Jota Martínez

Valencia sigue reuniendo a pesar de los años unas condiciones excelentes para volver a ser una ciudad de referencia en cuanto a música electrónica, y todo ellos sin necesidad de aparecer en los informativos por cuestiones más morbosas aunque transversales. Por cierto: en ElectroSplash 2017 no hubo ni un solo incidente de ningún tipo. Está claro que hemos mandado nuestra leyenda negra al pozo del olvido.

Con todo esto sólo me queda decir ¡larga vida al ElectroSplash! –y a su público–.

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