Depresión y artistas musicales: de lo que nadie quiere hablar

La depresión y otros trastornos mentales son bastante más comunes de lo que parece en el mundo artístico, más si cabe en el sector musical, y sin embargo se habla muy poco de esta cuestión. Visibilizar y normalizar estos problemas debería ser algo que todo el mundo debería hacer, pero el estigma de las enfermedades mentales sigue siendo una losa muy pesada de mover.

Hablemos claro: desgraciadamente la sociedad asume cualquier trastorno mental como algo propio de “locos” en el sentido más peyorativo de la palabra. Y acudir a un psiquiatra o a un psicólogo, obviamente es algo reservado para esos “locos”. Si nos centramos en problemas tales como la depresión o los trastornos de ansiedad, los términos reservados a quienes lo padecen aumentan: si no están “locos” son unos “flojos” o unos “cuentistas”. Lamentablemente es muy difícil cambiar la opinión de la gente que piensa así hasta que ellos mismos o alguien de su entorno más querido y directo lo padece.

A diferencia de lo que mucha gente cree, padecer una depresión no es estar triste, al menos no al principio. Los síntomas suelen manifestarse de otra forma y suelen comenzar muchas veces como un cansancio que acompaña a quien lo padece día que no le deja dormir de noche, cuando deja dormir hace que el enfermo después no sienta la necesidad de levantarse de la cama, y con el paso del tiempo si consiguen levantarse de la cama lo primero de lo que tienen ganas es de echarse a llorar sin saber realmente el motivo. La mayor parte de las veces no suelen percibir una tristeza evidente, si no una falta de interés por todo lo que antes les gustaba, así como incapacidad por hacer planes de futuro y falta de concentración. Se irritan con facilidad y se obsesionan con aspectos negativos de situaciones a las que antes no daban importancia. Y por encima de todo, una persona con depresión no suele creer que la padezca, ya que disocia todos los síntomas y cree tener una explicación para todos ellos por separado.

Cuando los pacientes acuden al médico animados por familiares que han observado esos cambios inexplicables en su conjunto, es cuando les suelen decir que tienen una depresión. Las causas de la depresión pueden ser ambientales, sociales u orgánicas, hay una predisposición genética a padecerla, está relacionada en muchos casos con el consumo de drogas, así como con situaciones emocionales de duelo o equivalentes, y pueden ser también en si mismas un síntoma de otras enfermedades, algunas degenerativas. Se combate con medicación, terapia ocupacional, confrontación de los problemas, y apoyo de amigos y seres queridos. Pero en el caso de artistas que trabajan activamente en la industria musical, es frecuente que nadie les alerte de que tienen un problema, que nadie les recomiende ver a un médico, tomarse un respiro o cuidarse. De hecho les recomiendan no decir ni una palabra.

Que nadie pare la gallina de los huevos de oro

Para una persona con una profesión normal, padecer una depresión supone automáticamente coger la baja laboral, medicarse, acudir a terapia… y los resultados pueden tardar un par de meses en aparecer, eso siempre y cuando el psiquiatra acierte con la medicación y esta además no de problemas de tolerancia en el paciente; por supuesto la medicación por sí sola no sirve de nada si el paciente necesita abandonar hábitos de consumo de sustancias, rutinas saludables, se toma en serio la terapia y dispone de apoyo afectivo.

En el caso de un artista en activo, las cosas se complican. Salir de gira es una experiencia con mucho desgaste emocional para cualquier músico, DJ o artista escénico de cualquier categoría. Las actuaciones se suceden y entre medias no hay descansos, el tiempo es para viajar. Pueden dormir en sitios bonitos, pero ninguno es su casa. Se está lejos de los seres queridos, y muchas veces no hay confianza con la suficiente gente como para disponer de alguien con quien hablar de las preocupaciones, algo que desemboca en aislamiento. La tentación para ahogar el estrés mediante algo tan a mano como el alcohol está siempre presente, y con mucha facilidad en los entornos de ocio y música suelen encontrarse todo tipo de drogas ilegales sin meterse en problemas ni pasar apuros. De hecho las drogas muchas veces son moneda de cambio.

Los horarios nocturnos de trabajo de muchos artistas, unidos a ritmos irregulares de sueño por los desplazamientos, y rematado con comidas a destiempo, provocan desequilibrios grandes en la bioquímica del cuerpo, y un mayor cansancio que lo agrava todo.

No son conscientes de lo que les pasa, se sienten agotados y desmotivados, tienen la sensación de no estar controlando sus vidas, pero no pueden parar para escaparse a casa unos días, deben seguir actuando. Dejar de trabajar es cancelar tu participación en una gira o directamente joder varias fechas de una gira, y generar desconfianza en quienes han contratado las siguientes fechas o podrían estar interesados en contratarlas.

Si tienen que presentar un nuevo lanzamiento discográfico las cosas no se pueden aplazar, hay fechas cerradas para actos promocionales, entrevistas que conceder, reuniones a las que acudir, ensayos, muchos ensayos para cuando haya actuaciones… es una maquinaria que no se puede detener, si se para los que han confiado en esa persona pondrán su dinero y sus contratos en otro que pueda aguantar el ritmo.

Un artista no puede decir que se retira de escena un tiempo porque tiene una depresión y necesita ponerse bien. Da mala imagen. La gente piensa que está loco o que es un cuento para no cumplir con sus obligaciones. Todos los promotores desconfiarían, no se arriesgarían a organizar nada con el artista, no sea que les deje tirados, o peor, actúe y le de un ataque en pleno show. Quedaría estigmatizado a muchos niveles.

La medicación para la depresión en los primeros meses suele causar efectos secundarios transitorios que dificultan el trabajo escénico, puede causar visión borrosa, algo de nerviosismo y confusión… son efectos que desaparecen cuando el cuerpo se acostumbra. Además hay algo que los enfermos llevan francamente mal y es un frecuente efecto secundario que produce la medicación en la líbido: se la carga casi totalmente, y llega a causar impotencia en los hombres. Tener que pasar por todo esto, hace que muchas veces los artistas se enroquen en su decisión de seguir adelante como si no tuvieran una depresión, cuando realmente están provocando que luego les cueste más salir de ella. Al final la propia enfermedad les obliga a para cuando directamente no son físicamente capaces de trabajar, o cuando su conducta en directo comienza a ser tan errática que es un problema constante. El drama de las cancelaciones y la pérdida de confianza se hace realidad pero de la peor manera, sin tener ya ningún tipo de control sobre la situación. Esto destruye muchas carreras artísticas y vidas, son juguetes rotos de la industria musical.

¿Cómo es posible si lo tienen todo?

Habitualmente la gente se extraña de que artistas populares y con grandes ganancias económicas pasen por una depresión. La mayor parte de las personas tiene preconcebido que a mayor cantidad de bienes materiales, mayor es la felicidad y bienestar de una persona, y eso es algo bastante alejado de la realidad. Las depresiones que padecen esas personas no tienen la mayor parte de veces nada que ver con las necesidades materiales.

Pueden surgir como decía antes por una mera predisposición genética, potenciada por algo de aislamiento personal (y las distorsiones cognitivas que eso puede generar) y por factores que nombraba antes como malos patrones de sueños y alimentación. Si han desarrollado un consumo regular de drogas o incluso una adicción, la cosa va cuesta abajo y sin frenos. Cualquier situación personal complicada como la pérdida de un familiar, amigo cercano, un divorcio, o cualquier problema en su familia en el que no pueden ayudar por no estar cerca sigue sumando. La presión por seguir trabajando al máximo nivel es una constante que les va minando junto a todo lo demás.

Posibles traumas del pasado no superados por haber comenzado muy joven una carrera artística y no haber tenido tiempo de solventarlos son siempre una losa que también se arrastra a todas partes, y que suponen una debilidad emocional constante. Los éxitos profesionales o una buena capacidad económica no es un parche para eso, al contrario, no disfrutan para nada lo que consiguen y sólo encuentran un enorme vació tras cada triunfo. Creen que una nueva meta profesional les aliviará, pero sólo les agota y les hunde más. Centrarse en su carrera profesional les separa más todavía de su familia sin darse cuenta, y en ocasiones cuando vuelven con ella no saben cómo expresar a sus familiares los problemas que tienen.

De viaje ya sea por una gira o por la grabación de un disco en un estudio lejos de la residencia habitual no se puede acudir al médico como lo harías si estuvieras en casa, pueden acudir a un servicio médico pero no será su doctor habitual quien les diagnostique, y si ve índicios de depresión su mánager no les recomendará que paren así como así: el manager es el primero que debe enfrentarse a los problemas con cancelaciones y las justificaciones relacionadas con eso, es el primero que perderá porque si su artista no genera dinero él no cobra. Su propio manager es el primero en no querer aceptar la depresión del artista, ya que el manager no es el enfermo y no quiere verse perjudicado; es el primero muchas veces también en perder confianza con el artista y que se pregunta si no debería poner sus esfuerzos en otra persona que le resulte más rentable.

Una cuestión de normalidad

Al igual que la gente asume como normal hacerse un análisis de sangre cada cierto tiempo o visitar al dentista para que le hagan una limpieza y una revisión, debería entenderse que la salud mental también es algo revisable, especialmente con trabajos con mucho desgaste emocional.

Ir a ver a un psicólogo que escuche los problemas de la persona y detecte si hay algún desorden que requiera terapia o que necesite una derivación a un psiquiatra para que recete una medicación que ayude a ponerlo todo en el sitio debería ser algo normal para todo el mundo, y si así lo fuera, nadie, incluido un artista más o menos popular, debería tener problema en reconocer que “oye, tengo que bajarme del carro un tiempo y solucionar mis problemas antes de que vayan a peor”. Todo el mundo lo aceptaría como cuando se rompe una pierna o se enferma de cualquier infección, y no lo estigmatizaría.

Mientras eso no se normalice, seguiremos teniendo artistas que súbitamente dejan para siempre su trabajo y se recluyen en su casa, o peor, acaban recluidos en un psiquiátrico o deciden quitarse la vida; todos se sorprenden y nadie entiende nada, pero resulta que arrastraban en silencio un dolor que trasciende lo físico. Les dolía el alma y no podían contarlo, y lo peor, nadie quería verlo. 

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