Los sintetizadores de siempre son el negocio

Tras años de emulaciones por software realizadas por terceros, las empresas que diseñaron los aparatos originales encuentran ahora un nuevo mercado en recrear ellos mismos versiones tanto digitales como analógicas de aquellos sintetizadores. ¿Merecen la pena o están haciendo caja a base de nostalgia?

Hace casi 20 años quien escribe estas líneas sólo podía acceder para hacer música a mi guitarra, un teclado controlador, un ordenador medio decente con una tarjeta de sonido no tan decente, un software barato y un puñado de muestras que sacaba de otros discos o que “traficaba” con varios conocidos que al igual que yo también trataban de hacer pinitos en la electrónica. Adquirir un sintetizador o un sampler era algo que escapaba y mucho a mi poder adquisitivo, así que cuando empezaron a llegar emulaciones por software de sintetizadores clásicos aquello fue una revolución, al menos para mi. Aunque no tenían la pegada y la garra de los modelos reales era francamente divertido ya que obtenías una respuesta similar a la de los originales y podías aprender síntesis y a diseñar sonidos.

Estas emulaciones por software no venían de la mano de los mismos fabricantes que hicieron los originales, los primeros los vi de manos de programadores aficionados y tenían normalmente una interfaz gráfica bastante básica, de hecho el primero que probé era una especie de MiniMoog que funcionaba bajo Ms-DOS y que sólo podía tocarse con el teclado del ordenador. Después comenzaron a llegar emulaciones más trabajadas con interfaz gráfica más trabajada en Windows, recuerdo claramente el más exitoso, Rebirth RB-338: era casi como una epifanía. Disponer de una emulación de TR-808, TR-909 y TB-303 podría considerarse el sueño de cualquier pobretón que quería hacer techno y sólo tenía un ordenador; yo de hecho me compré un ordenador mejor sólo para que el programa funcionara decentemente.

Los primeros instrumentos virtuales en formato plugin VST fueron también demoledores, especialmente cuando Native Instruments comenzó a lanzar los suyos, ¿quieres un Prophet V o un Yamaha DX7? Podías cargarlos en tu DAW y usarlos como si los tuvieras formando parte de tu estudio. No sonaban ni de lejos tan bien como emulaciones actuales que han salido en software posteriormente, pero procesando adecuadamente su sonido daban el pego muy bien y te permitían trabajar con muchas menos limitaciones.

La llegada de tarjetas con DSPs para los ordenadores amplió todavía más las fronteras de las emulaciones, con las tarjetas de Creamware por ejemplo podías tener un modular funcionando dentro de tu ordenador sin tocar el consumo de CPU, o disfrutar de la convincente emulación de un Juno-106. La idea de usar DSPs para emular síntesis no era nueva, los sintetizadores que llegaban al mercado desde hacía tiempo empleaban esta tecnología para emular síntesis analógica y crear monstruos que hechos de transistores hubieran sido mucho más caros: Supernova, Virus, Nordlead… eran los nombres de esas máquinas que aunque más accesibles que los clásicos de circuitería analógica seguían teniendo precios no alcance de todo el mundo.

Pero curiosamente, aunque la gente se volvía loca con todo esto, los fabricantes originales como Roland o Korg no parecían animarse a rescatar por su cuenta sus dispositivos clásicos, quizá la única empresa que puso algo de interés fue Waldorf con su emulación del PPG, y con Attack, un sintetizador virtual para percusión que aunque no emulaba concretamente ningún dispositivo mostraba el interés de la compañía en reproducir digitalmente la síntesis analógica.

La mejora exponencial del rendimiento de los ordenadores los últimos años ha permitido emulaciones más precisas, así como el desarrollo de auténticas bestias de la emulación como las últimas versiones de Reaktor, con el que si cuentas con los suficientes conocimientos puedes recrear prácticamente cualquier cosa. De hecho las emulaciones nativas parecen haber desplazado por completo el recurrir a tarjetas con DSPs los últimos años dado que ya no es tan necesaria esa potencia extra. Pero, ¿siguen sin tener interés los desarrolladores de síntesis en poner sus esfuerzos en recrear los viejos sintes? Eso sí ha cambiado ahora y mucho.

Todos estos años han salido sintes nuevos de manos de las más populares marcas, unas veces en formato “rompler”, que básicamente son sonidos multimuestreados a los que puedes meterle mano modificando algunos factores como el filtro, envolvente y efectos, y por otro lado diversos sintes que han seguido ofreciendo emulación completa de síntesis a base de DSPs. Al mismo tiempo marcas menos conocidas han hecho negocio diseñando réplicas analógicas de los clásicos, unas veces ya montadas y otras en formato “kit de montaje” para los que corren la suerte de saber manejar un soldador sin pegarle fuego a su casa o a si mismos (lo reconozco, soy peligroso con un soldador). Pero llegó un punto en que las marcas que fabricaban los originales y alguna otra grande con capacidad de hacerlo, llegaron a la conclusión de que aprovechando el abaratamiento de la electrónica podían emplear su gran capacidad de manufactura para hacer negocio rescatando sus maravillas del pasado y llevarse a sus cuentas de banco parte de ese pastel que hay tanto en las recreaciones como en el disparatado mercado de segunda mano vintage, en el que algo como una TR-808 puede alcanzar los 5.000€.

Creo que el pistoletazo de salida lo dio Korg recreando su MS-20, rebautizado como MS-20 Mini por tener un tamaño sensiblemente inferior al original. El nuevo MS-20 era una recreación total, ya que se construyó con circuitería analógica y se respetó el diseño del original, tanto interna como externamente, y el resultado es un MS-20 nuevo que suena prácticamente igual que el original (también es cierto que no hay dos analógicos que suenen igual) por aproximadamente la mitad de precio de lo que cuesta adquirir de segunda mano uno de los originales con bastantes años a la espalda. Y fue todo un éxito. Y cuando algo tiene éxito y otros pueden replicar el éxito fácilmente, la cosa se dispara.

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Roland lo tenía claro, son los propietarios de los derechos de algunos de los sintes y cajas de ritmo de mayor éxito en la historia y que han definido el sonido de la música electrónica. Cuando lanzaron la serie Aira incluyeron dispositivos que emulaban directamente varios de sus clásicos empleando una tecnología de emulación que bautizaron como ACB y que en lugar de DSPs usa tecnología FPGA, más propicia para el diseño y emulación de hardware. La TR-8 podía emular una 909 y una 808 por unos 500€ y la TB-3 por unos 300€ podía emular una TB-303 con algunos añadidos. Además lanzaron el System 1, un sintetizador que además podía cargar emulaciones de sintes clásicos como por ejemplo un SH-101. Fueron un éxito (y lo siguen siendo) y Roland preparó su siguiente ataque viendo la buena acogida.

Korg mientras tanto quería volver a lanzar otra recreación analógica, pero esta vez no sería un sinte propio, se trataba del ARP Odyssey, algo que ya trató de recrear Creamware mediante DSPs y que fue un fracaso de ventas. Un Odyssey original anda por los 1600€ y además del aparato te llevas todos sus años de desgaste… el nuevo Odyssey de Korg ronda los 800€, nuevamente un regreso del pasado por la mita de precio y nuevo. Pero Korg y Roland no iban a ser los únicos interesados en este regreso al pasado con máquinas económicas.

Behringer desde sus inicios ha tenido un éxito tras otro construyendo dispositivos muy baratos orientados a estudio, grabación y DJ, en ocasiones imitando el diseño, funciones y hasta nombres de famosos equipos de otras marcas. Sus mesas DJ han copiado diseños de Pioneer y Allen&Heath, han calcado mesas de Yamaha, monitores de Genelec, pedaleras de efectos de Line 6… en algún momento tenían que copiar sintetizadores, y ese momento había llegado. Su primer sinte ha sido el Deepmind 12, analógico y de diseño aparentemente propio, pero fuertemente basado en el Juno 60. Otro éxito. Y tras el éxito, a seguir planeando como continuar en el sector.

Roland decidió ir a por todas en el mercado de las recreaciones tras el éxito de sus Aira, pero esta vez en lugar de hacer máquinas de nuevo diseño capaces de replicar digitalmente el sonido de los antiguos dispositivos, iba a calcar hasta el aspecto, o mejor dicho, iba a replicar sus propios aparatos icónicos digitalmente. Pero como la tecnología digital abulta mucho menos, hicieron los sintes mucho más pequeños: la gama Boutique había nacido. Lanzaron tres pequeñas máquinas digitales que emulaban el Juno-106, el Jupiter 8 y el JX-3P. Tenían los mismos controles (incluso presets), MIDI, USB, y un pequeño secuenciador, se comercializaron entre 300-400€. Otro éxito inmediato. Personalmente me pareció una maravilla ya que recordaba el destrozado Juno 106 de un amigo, estropeado simplemente por el paso del tiempo, y con un presupuesto de reparación de como el doble de lo que costaba uno de estos Boutique. Sí, lo original mola más, pero va dejando de ser práctico.

Yamaha quería tomar partido en todo esto, no se iban a quedar fuera siendo quienes son, y se lanzaron con la línea Reface, donde incluyeron prestada la idea de Roland de hacer pequeñas recreaciones digitales de éxitos del pasado. El Reface CS de modelado analógico y el Reface DX de síntesis FM fueron otro éxito más. Roland volvería a atacar el verano pasado con más dispositivos de la gama boutique, y esta vez trajo dos favoritos del público que iban a ser un éxito instantáneo, el TB-03 que recrearía la máquina de bajo TB-303, y la TR-09 que obviamente replica una caja de ritmos TR-909. Curiosamente la TR-09 no toma prestado nada de la TR-8, Roland rehizo su trabajo en modelado ACB para hacer una recreación lo más fiel posible de caja de ritmos original, además de emplear mayor potencia de proceso para esta diminuta máquina.

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Behringer dejó claras sus intenciones hace unos meses cuando anunció el Behringer D, que obviamente recrea en un pequeño módulo y a base de circuitería analógica un Minimoog Model D, a un precio de unos 400€. Y recientemente Roland ha vuelto a contraatacar anunciando el primer sinte de una nueva gama Boutique centrada en colaboraciones con nuevos fabricantes independientes, el primero es el SE-02, un minisinte diseñado por Studio Electronics que recrea un… sí, también un Model D por unos 500€. Para rematar la faena y dejar claro que esto es una guerra en toda regla, tras anunciar Roland su sinte Behringer anunció que el suyo sería más barato, en torno a los 300€.

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Durante todo este tiempo los señores de Korg se han sumado también a esta moda de la recreación en formato bolsillo, aunque ellos han optado por circuitería analógica no han recreado ningún dispositivo concreto, si no que han tratado de hacer pequeños dispositivos con una línea estética similar y que recuerdan a otros dispositivos famosos; es la serie Volca y ha sido otro éxito porque además Korg los ha vendido por cuatro duros, literalmente. El Volca Bass recordaba en cierto modo a las TB-303 (aunque su carácter sonoro no es igual y da para una paleta de sonidos más extensa), el Volca Beats fue recibido por mucha gente como una eficiente TR-808 para pobres (no tiene ni de lejos la misma pegada pero es muy divertida), también en la serie se podía encontrar el Volca FM para rescatar la síntesis FM que Yamaha puso de moda Yamaha.

El mercado de segunda mano de sintetizadores clásicos podrá ser muchas cosas a ojos de quienes lo ven desde fuera; quienes forman parte de esos círculos son vistos por algunas personas como gente anticuada, locos a los que no les importa lidiar con aparatos que necesitan revisiones y reparaciones periódicas nada baratas, que deben ser conservados en buenas condiciones, que en ocasiones no tienen las ventajas de cacharrería moderna como MIDI, o conexiones USB, y cuya circuitería no es tan silenciosa. Parece una locura, pero en toda esa locura hay algo que ha impulsado todo este mercado de las recreaciones: dinero.

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La situación es tan sencilla como, si por ejemplo una TR-909 puede costar 7.000€ en una subasta es que hay mucha gente dispuesta a pagar por ello. Probablemente mucha de esa gente que no consigue un original por lo disparatado del mercado se conforme con una recreación digital “oficial” de tan sólo 400€, y si le ponemos cosas como MIDI o un interfaz de audio multicanal, es todavía más apetecible. Está claro que la tecnología actual le ha proporcionado a los fabricantes las herramientas para fabricarse un tesoro.

¿Y la gente que llega nueva al mundillo de la producción de electrónica? ¿Ven sentido en estos nuevos dispositivos cuando hay software que puede hacer el papel? Estos nuevos productos tienen cosas bastante interesante para las nuevas generaciones. En primer lugar no son especialmente caros, con lo que pueden llegar a ser accesibles para gente muy joven. Además son fácilmente transportables, algo que gusta mucho a la gente joven, tanto los Boutique como los Reface, como los Volca son pequeños, ligeros, funcionan con pilas y tienen mini-altavoces, con lo que se puede poner uno a improvisar en cualquier parte. El Behringer D aunque algo más grande también cuenta con un tamaño fácil de transportar, aunque se alimenta con el típico transformador de pared. A pesar de todo esto, creo que los nuevos productores están más pendientes del software que de todo este hardware de bajo coste, a fin de cuentas la opción software siempre es la más barata (aunque el ordenador cueste dinero).

¿Qué tal funcionan? En mi caso sólo he podido probar algunos de los Boutique y de los Volca, y actualmente además poseo un modelo de Boutique, el TR-09. Debo decir que concretamente los Boutique a pesar de ser preciosos son un poco coñazo por lo diminutos que son sus controles pero son sencillamente geniales al respecto de lo que puedes hacer con ellos si consigues acostumbrarte a los controles y no perder los nervios. Emulan perfectamente a sus homólogos, y aunque ya nos conocemos la cantinela de que el sonido analógico es mejor que el digital, no se puede pedir que estos juguetes hagan más. Bueno, quizá más polifonía. Los Volca son otro regalo, son incluso más baratos que los Boutique, y procesando un poco el audio que sacan se pueden lograr también resultados espectaculares. El Volca Bass para mi es la máquina de bajos con mejor relación calidad precio que hay en el mercado, o dicho de otra forma, no tendrás mejores bajos en formato hardware por esa cantidad de dinero. Bueno, y si lo hay que me lo digan porque lo compro ya mismo.

También debo reconocer que me dejo llevar por el entusiasmo con estos cacharritos, cuando era bastante más joven deseaba tener muchas máquinas que me resultaba imposible adquirir, y ahora aunque un plugin pueda hacer un papel muy similar, es una tentación poder conseguir “maquinitas” de verdad que pueden hacer todo aquello que con 17 años y sin un duro tenías que hacer a base de muestras sacadas de donde se podía. Aunque supongo que este factor emocional ya lo han tenido muy en cuenta los fabricantes a la hora de decidir lanzar estas pequeñas maravillas, y tenían claro que a muchos nos iba a trastocar la nostalgia. Esa misma nostalgia que hace que no vendas los Technics aunque pinches todo en digital, o que te hace conservar un teclado con sonidos algo rancios aunque tengas gigas y gigas de librerías con sonidos cristalinos.

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