Random Access Memories de Daft Punk no era un álbum, era una tarjeta de visita

Todo aquel que no haya vivido en una caverna últimamente sabe que el nuevo single de Parcels, “Overnight” ha sido co-escrito y producido por Daft Punk. La influencia de los franceses en el single es tan patente que de hecho al escucharlo da la sensación de que podría haberse producido empleando tomas descartadas de las sesiones de estudio de Random Access Memories y luego han llamado al cantante de Parcels para rematar el asunto.

Sí, es exactamente tan descarado y poco original como lo describo, pero esto no es ni bueno ni malo, es en realidad lo que tenía que ocurrir. Y es que cuando Daft Punk decidieron hacer Random Access Memories, además de un buen álbum –perdón por el clickbait del titular– hicieron todo un ejercicio de marketing: era su campaña de promoción como productores de un actualizado sonido disco para todos los públicos.

Random Access Memories –en adelante RAM– supuso el punto y final a la forma de trabajar de Daft Punk. Ya no eran dos chavalitos pijos de París con pocas preocupaciones haciendo experimentos musicales al amparo de los recursos del padre de Thomas, eran dos señores productores a los que nada menos que Disney había contratado para hacer la banda sonora de un blockbuster –Tron Legacy–, que aunque pinchó en crítica y taquilla y tuvieron que pedir socorro para que alguien les ayudara a terminarla, supuso un cambio de registro importante en su forma de trabajar. Habían pasado de trincar samples de cualquier lado y guarrear con sintes viejos para hacer majestuosos collages con mucho gancho para la pista de baile, a tener que trabajar con músicos de verdad, arreglistas, ingenieros de sonido; se tuvieron que acostumbrar a no tener el control creativo, a que les dijeran que no, a que les tunearan el disfraz para salir en la película como parte del contrato… en definitiva, a trabajar con otra gente y haciendo otras cosas.  Si unimos esto a su interés por explorar otras vertientes del negocio audiovisual, como tener pequeños sellos en los que lanzar a otros artistas y publicar sus propios proyectos paralelos por separado, o el meterse en la realización de películas independientes, tenemos que estaban bien entrenados para lo que venía después.

Tras mandar a freir espárragos a Disney y pasar de vender su imagen para hacer cabalgatas de Tron con su imagen, y de comerse el sapo de aguantar un disco de remezclas de la banda sonora hecho por gente con la que ni trataron, decidieron dar un paso definitivo. Su plan para hacer Random Access Memories era ambicioso, pero si salía bien se harían un hueco en el mundo de los productores de éxitos pop y no tendrían que volver a arrastrar el culo por medio mundo saliendo de una pirámide con luces de colores vestidos con un traje que les debía de hacer perder cinco kilos por actuación. En lugar de volver a samplear a diestro y siniestro y tener luego a los abogados repartiendo bocados de sus ganancias en forma de royalties a los herederos de los derechos de las muestras, contratarían los mejores músicos, los pondrían a grabar sus ocurrencias en los mejores estudios, se lo darían a los mejores ingenieros y de paso ficharían colaboradores de lujo para demostrarle a toda la industria discográfica que eran unos partners excelentes con los que colaborar. Después un buen puñado de Grammys, una actuación épica en el mismo show en los que recogían los galardones, y meterse en el bolsillo al público norteamericano que ya les conocía por inventar el EDM en su gira Alive –sí, la de la pirámide; sí, no os pongáis tontos del culo, lo inventaron ellos y cualquier comentario en contra es digno de lapidación por falta de perspectiva–. Y salió redondo. Qué digo redondo, les salió esférico.

Random Access Memories tenía la esencia de Daft Punk, pero sólo eso. Las voces vocodizadas a su estilo, los cambios de registro a mitad de canción, la aliteración intencionada con ciertos elementos, el glitch y la distorsión ocasional como recurso, una guitarra épica en un momento del disco que no la esperas, una melodía vocal que te toca el corazón en una balada, letras intrascendentes y mucho sentido del groove. Esa esencia estaba, pero todo lo demás era distinto. Nada sonaba crudo y desgarrado, no había ni un ápice de improvisación, las colaboraciones en algunas canciones tenían un peso específico decisivo, nunca se llegaba al punto frenético de anteriores discos. Era un discazo, era Daft Punk, y le decían al mundo “mira todo lo que sé hacer”. Pero querían dejar de ser ellos.

Y es que es totalmente comprensible. Thomas y Guy-Manuel en realidad no necesitan ser Daft Punk el resto de su vida, ni volver a hacer giras, ni sacar más discos; solamente con los derechos que no dejan de generar algunas de sus canciones podrían vivir una vida apacible dedicada a la contemplación de las aves, la cría de berberechos o la cata de vinos franceses. Pero a pesar de ello querían seguir en el mundo de la música, y para ello emplearían el concepto Daft Punk no como personajes, pero sí como marca, como un sello de calidad para producciones. Y RAM, ese álbum tan cojonudo, es la tarjeta de visita con la que vender el sello de calidad.

Y obviamente no les ha costado nada encontrar gente con la que trabajar. Tras trabajar justo después de RAM con nada menos que con Kanye West en tres canciones de su sexto álbum, el año pasado trabajaron con The Weeknd en dos canciones de su primer álbum –con mucho regusto a lo que hicieron en RAM– y ahora llega su trabajo con Parcels, que directamente podría formar parte del tracklist de RAM.

¿Volveremos a ver a Daft Punk lanzando un disco propio y haciendo una gira? Aunque me gustaría porque probablemente sería un disco excelentemente producido y una gira indudablemente espectacular, lo dudo mucho. Como ya comentaba antes, realmente no es para ellos una necesidad laboral ni económica la que les impulsaría a hacerlo, al menos actualmente. El museo/pop-up store para gente de clase alta tenía toda la pinta de ser un “esto es todo amigos, aquí os dejamos unos recuerdos de la aventura”. Además parece que no tienen mucho afán por seguir ocultando sus rostros y mantener el misterio, el mes pasado Thomas Bangalter se paseaba por el festival de cine de Cannes a cara descubierta. Y por cierto, el señor pierde todo el glamour sin el traje y el casco.

Es muy probable que cada año veamos a Daft Punk seguir colaborando en las producciones de otros artistas, vendiendo su soniquete RAM. Y para qué nos vamos a engañar, si yo fuera uno de ellos haría exactamente lo mismo.

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